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Actualizado el martes, 27 enero, 2026

Cómo purgar y equilibrar radiadores de agua caliente en casa

Mantener los radiadores purgados y bien equilibrados es clave para una calefacción eficiente y un hogar confortable. Dos tareas fundamentales de mantenimiento son purgar los radiadores –es decir, expulsar el aire acumulado en su interior– y equilibrar el caudal de agua entre ellos para que todos calienten por igual. Si no se realiza una buena purga, el aire atrapado reduce la capacidad de calentamiento y obliga a la caldera a trabajar más de la cuenta. Por otro lado, si el sistema está desequilibrado, unos radiadores pueden calentarse en exceso mientras otros quedan fríos, desperdiciando energía. En esta guía explicaremos por qué purgar los radiadores es importante, cómo realizar la purga paso a paso, en qué consiste el equilibrado de radiadores y cómo llevarlo a cabo, además de algunos consejos de mantenimiento para optimizar tu calefacción y ahorrar energía en casa. ¡Manos a la obra!

¿Por qué es importante purgar bien los radiadores de la calefacción?

Cómo afecta el aire al rendimiento de la calefacción

Cuando se acumula aire dentro de un radiador, este aire forma bolsas en la parte superior que desplazan al agua caliente. El resultado es que el radiador no emite todo el calor que debería y aparecen zonas frías en la parte alta. La presencia de aire actúa como un tapón u obstáculo que impide la circulación uniforme del agua, por lo que el radiador calienta menos de lo esperado. Esto fuerza a la caldera a trabajar más para alcanzar la temperatura deseada, desperdiciando energía: parte del calor se queda atrapado en ese aire en vez de irradiarse al ambiente. En resumen, el aire atrapado reduce la eficiencia de la calefacción y aumenta el consumo energético, elevando tus facturas sin obtener el confort adecuado. Por suerte, la solución es sencilla: purgar periódicamente los radiadores elimina esas burbujas de aire y restablece la correcta circulación del agua caliente, mejorando de inmediato la capacidad de calentamiento del sistema.

Señales de que un radiador necesita ser purgado

Es importante reconocer las señales que indican aire atrapado en un radiador, ya que así sabrás cuándo es necesaria una purga. Algunas señales claras de un radiador con aire son:

  • Zonas frías en la parte superior: si la parte alta del radiador está fría mientras la inferior está caliente, hay aire acumulado impidiendo el paso del agua caliente. Este desequilibrio térmico (caliente abajo y frío arriba) es el indicio más típico de que el radiador necesita purgarse.

  • Ruidos de gorgoteo o burbujeo: escuchar sonidos de burbujas, silbidos o gorgoteos dentro del radiador al encender la calefacción es síntoma de aire atrapado en el circuito. El agua está luchando por circular a través del aire, generando esos ruidos molestos.

  • Radiador que calienta menos de lo normal: si una habitación no alcanza la temperatura deseada o un radiador se nota más frío que los demás, podría deberse a aire en su interior que reduce la transferencia de calor y el rendimiento en esa estancia.

  • Incremento injustificado de la factura: un sistema con aire trabaja forzado. Si notas un aumento en el consumo de calefacción sin razón aparente, el aire atrapado podría ser el culpable. Al purgar los radiadores recuperarás la eficiencia y podrías ahorrar energía en tu hogar.

  • Mantenimiento anual: incluso si no notas las señales anteriores, se recomienda purgar los radiadores al menos una vez al año, habitualmente al inicio de la temporada de frío. De este modo, previenes problemas antes de que aparezcan y aseguras que comienzas el invierno sin aire acumulado en el sistema.

Como ves, el aire dentro de los radiadores perjudica tanto el confort como el bolsillo. A continuación, veremos cómo purgar correctamente un radiador para eliminar ese aire y restablecer su rendimiento óptimo.

Cómo purgar un radiador paso a paso

Purgar los radiadores de casa es un proceso sencillo que cualquiera puede realizar con las herramientas adecuadas. Consiste básicamente en liberar el aire atrapado para que el agua caliente ocupe todo el interior del radiador. Antes de empezar, asegúrate de tener a mano una llave de purga (o destornillador plano, según el tipo de válvula), un recipiente pequeño (por ejemplo, un vaso) y un trapo o paño absorbente. Importante: realiza la purga siempre con la calefacción apagada y los radiadores fríos, para evitar quemaduras y para que el aire esté asentado en la parte superior del radiador.

Preparación antes de purgar la calefacción

  1. Apaga la caldera y deja enfriar el sistema: antes de purgar, apaga la calefacción y espera un par de horas a que tanto el agua como los radiadores se enfríen. Así evitarás quemarte y te asegurarás de que las burbujas de aire no se muevan con el agua circulando (la bomba de la caldera parada permite que el aire quede en la parte superior de cada radiador).

  2. Reúne los materiales necesarios: consigue la llave de purga adecuada (muchos radiadores tienen un purgador con ranura para destornillador plano, otros requieren una llave cuadrada específica). Ten a mano también un recipiente (un vaso, taza o cuenco) para recoger el agua que salga y un trapo o toalla para limpiar gotas. Si lo deseas, puedes usar guantes finos para protegerte de agua caliente.

  3. Verifica la presión inicial de la caldera: echa un vistazo al manómetro de la caldera antes de empezar. Lo normal en frío es que marque entre 1 y 1,5 bar. Es bueno saber el valor inicial porque tras purgar podría descender ligeramente y necesitarás reponer agua (lo explicaremos más adelante).

Con todo preparado y la calefacción apagada, ya puedes proceder a purgar los radiadores uno por uno.

Cómo purgar un radiador de casa correctamente

Una vez realizados los pasos previos, sigue este procedimiento paso a paso para purgar cada radiador de la vivienda:

  1. Enciende y vuelve a apagar la calefacción brevemente: como verificación opcional, puedes encender la calefacción unos 5-10 minutos antes de purgar para que el agua circule, y luego apagarla de nuevo. Esto ayuda a identificar radiadores problemáticos y mueve un poco el aire. Aun así, asegúrate de apagar la caldera y esperar unos minutos antes de purgar, de modo que el agua no esté hirviendo y el aire esté quieto.

  2. Comienza por el radiador más cercano a la caldera: localiza el radiador que está primero en el circuito, generalmente el más próximo a la caldera o calderín. Es recomendable purgar en orden, siguiendo el flujo natural del agua, para evitar que el aire de los primeros radiadores se desplace más lejos en el circuito. Si tu vivienda tiene más de una planta, inicia por los radiadores del piso superior (el aire tiende a subir) y luego continúa con los de la planta inferior.

  3. Localiza la válvula de purga en el radiador: en cada radiador hay un pequeño purgador ubicado en la parte superior lateral, normalmente en el lado opuesto a la tubería de entrada de agua. Introduce la llave de purga o destornillador en la ranura de esta válvula.

  4. Coloca el recipiente y abre la válvula lentamente: pon tu vaso o recipiente justo bajo el purgador para recoger el agua que pueda salir. Con la llave, gira el purgador en sentido antihorario lentamente, aproximadamente un cuarto de vuelta. Enseguida deberías oír un silbido de aire escapando. Mantén la válvula abierta mientras siga saliendo aire.

  5. Deja salir el aire hasta que empiece a salir agua: inicialmente puede que salga aire acompañado de pequeñas gotas o un chorrito irregular de agua. Espera hasta que el aire termine y salga un chorro de agua constante sin interrupciones. Ese flujo continuo de agua indica que ya no queda aire dentro del radiador.

  6. Cierra el purgador en cuanto salga agua continua: cuando veas que el agua sale en un flujo estable, gira la válvula de purga en sentido horario para cerrarla firmemente. No hace falta drenar mucha agua; con dejar salir unos pocos mililitros basta para expulsar el aire. Seca cualquier gota en el radiador con el trapo.

  7. Repite el proceso en los demás radiadores: continúa con el siguiente radiador en el circuito (siguiendo la secuencia desde el más cercano al más lejano a la caldera). En cada uno, abre el purgador hasta que salga agua y luego ciérralo. Recuerda volver a colocar el recipiente bajo cada purgador para no derramar agua.

  8. Vigila la presión de la caldera durante la purga: tras purgar uno o varios radiadores, es normal que la presión del circuito disminuya ligeramente. Cada dos o tres radiadores purgados, revisa el manómetro de la caldera para asegurarte de que la presión se mantiene en torno a 1,0–1,5 bar. Si ha caído por debajo de ese rango, rellena el circuito con agua usando la llave de llenado de la caldera hasta restablecer la presión adecuada antes de seguir purgando más radiadores.

  9. Enciende la calefacción y comprueba el resultado: una vez hayas purgado todos los radiadores y ajustado la presión, vuelve a encender la calefacción. Verifica que cada radiador se calienta en toda su superficie (ya no hay partes frías arriba) y que no se escuchan ruidos de aire circulando. El calor debería repartirse de forma más homogénea por las habitaciones y los gorgoteos deben haber desaparecido.

Siguiendo estos pasos en cada radiador, eliminarás el aire acumulado y lograrás que el agua caliente circule sin impedimentos por todo el sistema. Notarás que, tras la purga, los radiadores calientan mejor y la caldera no tiene que esforzarse tanto, mejorando la eficiencia global de tu calefacción.

Cómo purgar radiadores antiguos

Muchos hogares todavía cuentan con radiadores antiguos de hierro fundido o acero, los típicos radiadores pesados de cuerpo seccional. La forma de purgar estos radiadores es similar a la de uno moderno, pero hay algunas consideraciones especiales. En primer lugar, suele ser necesario usar una llave especial para el purgador: muchos modelos antiguos tienen un purgador con una tuerca cuadrada que requiere una llave hembra cuadrada (se consigue en ferreterías) en lugar del típico destornillador. En otros radiadores antiguos, el purgador sí tiene ranura y podrás abrirlo con destornillador o incluso una moneda.

Al purgar un radiador antiguo, procede con mucho cuidado: gira la llave lentamente en sentido antihorario hasta que comience a salir el aire, igual que en un radiador normal. Es importante hacerlo poco a poco y no desenroscar el purgador por completo, ya que en radiadores muy antiguos las piezas pueden estar delicadas (podrían romperse si se fuerzan). Mantén el recipiente debajo porque es común que el agua inicial salga de color oscuro u óxido acumulado (lo que indica sedimentos internos). Cuando termine de salir aire y veas que comienza a gotear agua de forma continua, vuelve a apretar el purgador girándolo en sentido horario hasta cerrarlo bien.

En resumen, los pasos para purgar un radiador antiguo son los mismos: caldera apagada, radiador frío, recipiente preparado y abrir la válvula hasta que salga agua. Solo recuerda usar la llave adecuada y tener mano suave para no dañar componentes antiguos. Si el radiador es muy viejo y carece de purgador accesible, o si la válvula está atascada por la edad, quizás sea mejor contactar a un profesional. Tras la purga, no olvides comprobar la presión de la caldera y reponer agua si es necesario, igual que con cualquier radiador moderno.

Cómo purgar un radiador sin purgador

¿Y si tu radiador no tiene válvula de purga? Algunos radiadores antiguos o toalleros de diseño pueden carecer del típico purgador manual. En esos casos, existen métodos alternativos para eliminar el aire, aunque requieren más precaución. La opción más práctica es instalar una válvula de purga autoperforante en el radiador. Este dispositivo especial se consigue en ferreterías y funciona taladrando y roscando una pequeña válvula en la parte superior del radiador, permitiendo liberar el aire acumulado. Su instalación implica perforar el radiador con un taladro y luego roscar la válvula autoperforante, por lo que si no tienes experiencia es recomendable pedir ayuda a un profesional.

Otra alternativa de último recurso para purgar un radiador sin purgador es aprovechar el detentor (la válvula de retorno del radiador). Consistiría en aflojar muy ligeramente la tuerca de unión del detentor para dejar salir agua con aire durante unos segundos. Sin embargo, este método es arriesgado: al manipular el detentor puedes provocar una fuga seria si se desafloja demasiado. Solo debería intentarse con sumo cuidado y teniendo muchos trapos y un recipiente preparados para recoger el agua. En cuanto salga un poco de agua con aire, se vuelve a apretar inmediatamente la tuerca del detentor. Dado el riesgo de fuga e incluso inundación si algo sale mal, insistimos en que es preferible utilizar la solución de la válvula autoperforante o directamente llamar a un técnico cualificado.

En resumen, si tu radiador no tiene purgador, la mejor solución es instalar uno (ya sea permanente, mediante válvula autoperforante, o temporal mediante un profesional). Así podrás purgarlo de forma segura y evitar dañar la instalación.

Errores comunes al purgar radiadores

Aunque purgar radiadores es un proceso sencillo, conviene evitar algunos errores comunes que pueden impedir un buen resultado (o incluso causar problemas adicionales):

  • Purgar con la calefacción encendida: este es un error típico. Siempre debes apagar la caldera antes de purgar los radiadores. Si intentas purgar con la bomba funcionando, el agua en movimiento puede arrastrar aire de un radiador a otro en lugar de salir, y además corres el riesgo de que salpiquen chorros de agua caliente.

  • No seguir un orden correcto: es importante purgar siguiendo el orden adecuado de los radiadores. Si empiezas por uno muy alejado de la caldera, el aire de los radiadores cercanos podría desplazarse y quedar atrapado en el circuito. Lo recomendable es purgar del más cercano al más lejano a la caldera (y de arriba abajo en viviendas de dos plantas) para expulsar el aire de forma eficiente.

  • Abrir demasiado el purgador o quitarlo completamente: con girar el tornillo de purga un cuarto o media vuelta basta. No lo desenrosques por completo, ya que el agua saldrá a borbotones y podrías tener dificultades para volver a colocar la válvula. Además, podrías dañar la junta o el propio purgador. Lo correcto es aflojar solo lo necesario hasta que salga el aire.

  • Usar herramientas inadecuadas o forzar la válvula: si el purgador está duro, no utilices alicates o herramientas que puedan redondear la tuerca o romperla. Usa la llave de purga adecuada o un destornillador del tamaño correcto. Un gesto torpe, como forzar en exceso una válvula, puede generar fugas difíciles de arreglar. Si el purgador no gira, es preferible consultar a un técnico en lugar de romperlo.

  • Olvidar comprobar la presión de la caldera: tras purgar, siempre revisa el manómetro de la caldera y repon agua si la presión ha bajado por debajo del nivel recomendado. Este es un olvido común: si la presión queda demasiado baja, la calefacción no funcionará correctamente e incluso la caldera podría dar error. Afortunadamente, es fácil de solucionar simplemente abriendo la llave de llenado hasta restituir la presión (generalmente entre 1 y 1,5 bar en frío).

  • No purgar todos los radiadores: a veces se purga el que da problemas y se olvidan los demás. Es aconsejable purgar todos los radiadores de la casa, ya que si uno tenía aire es posible que otros también, y así dejas toda la instalación equilibrada para el invierno.

  • No esperar a que el radiador esté frío: purgar con el radiador muy caliente puede ser peligroso (agua hirviendo) y menos efectivo. Mejor esperar a que estén templados o fríos para realizar la tarea con seguridad.

Si evitas estos errores y sigues las recomendaciones paso a paso, la purga será rápida y exitosa. En caso de duda, consulta con un profesional, pero por lo general con cuidado y atención cualquiera puede purgar sus radiadores y mejorar el rendimiento de su calefacción.

Cómo purgar los radiadores de la calefacción en toda la vivienda

Cuando vas a purgar todos los radiadores de la casa, conviene tener un plan para hacerlo de forma ordenada y segura. Ya hemos mencionado algo sobre el orden y la presión, pero profundicemos en estos puntos clave para purgar toda la instalación correctamente.

Orden correcto a la hora de purgar

El orden en que purgues los radiadores influye en la eficacia del proceso. La recomendación general es comenzar por el radiador más cercano a la caldera e ir avanzando hacia el más alejado. Esto se debe a que, si empezamos por los lejanos, el aire de los radiadores iniciales (cercanos) puede desplazarse y volver a introducirse en el circuito, obligándote a repetir la tarea. Siguiendo el flujo del agua desde el origen (caldera) hacia el final, nos aseguramos de empujar el aire hacia afuera sin que retroceda.

En viviendas de varias plantas, el aire tiende a subir a los radiadores de arriba. Por eso, si tu casa tiene dos pisos, empieza purgando por la planta superior. Dentro de esa planta, hazlo del radiador más próximo a la caldera al más lejano, luego pasa a la planta inferior y nuevamente de más cercano a más lejano. De esta forma combinas ambos criterios: primero la altura (plantas altas) y luego la distancia horizontal a la caldera. En viviendas de una sola planta no hay complicación: inicia en el radiador junto a la caldera y termina en el más distante.

Un detalle: si algún radiador está “anulado” (cerrado y sin uso, por ejemplo en una habitación vacía), no es necesario purgarlo. Puedes omitirlo manteniéndolo cerrado, aunque es recomendable purgarlo al menos una vez al año por mantenimiento general.

Resumiendo, el orden correcto es: arriba hacia abajo (si aplica) y de la caldera hacia afuera. Así te aseguras de expulsar todo el aire eficientemente.

Cómo comprobar la presión de la caldera después de purgar

Tras purgar los radiadores, es imprescindible revisar la presión de la caldera. Al sacar aire y algo de agua de los radiadores, la presión del circuito suele bajar ligeramente. Por ello, al terminar (o incluso durante el proceso, como mencionamos) debes mirar el manómetro de la caldera. La presión adecuada en frío normalmente está entre 1 y 1,5 bar (zona verde del manómetro).

Si observas que la aguja ha caído por debajo del 1 bar, tendrás que reponer agua en el circuito. Para ello, utiliza la llave de llenado de la caldera: ábrela lentamente con la caldera apagada y observa cómo sube la presión. Cuando alcance el rango recomendado (por ejemplo 1,2-1,3 bar, o lo que indique el fabricante), cierra la llave de llenado. Es importante no sobrepasarse; si llenas demasiado y la presión sube en exceso, tendrías que purgar un radiador para aliviarla o usar la válvula de seguridad de la caldera, lo cual no es deseable. Lo ideal es ajustar dentro del rango correcto.

Una vez ajustada la presión, enciende la calefacción y verifica que todo funciona bien: la caldera no indica errores, los radiadores calientan parejo y la presión se mantiene estable cuando el sistema está caliente (podría subir un poquito al calentarse el agua, eso es normal). Si la presión vuelve a bajar en días sucesivos, podría haber alguna pequeña fuga o quedar aire aún en el circuito, en cuyo caso conviene investigar más a fondo.

En resumen, comprobar y reponer la presión después de purgar es tan importante como la purga en sí. Un circuito a la presión correcta garantiza que la bomba de la caldera pueda impulsar el agua por todos los radiadores sin problemas. Nunca olvides este paso final para que tu sistema quede perfectamente purgado y equilibrado.

Qué es equilibrar un sistema de radiadores y por qué es clave

Después de purgar todos los radiadores (es decir, cuando ya no hay aire en el circuito), el siguiente paso para optimizar la calefacción es comprobar el equilibrio del sistema. Equilibrar un sistema de radiadores significa ajustar el caudal de agua caliente que recibe cada radiador para que todos calienten por igual. Esto se logra regulando una válvula especial en cada radiador llamada detentor, que controla la cantidad de agua que atraviesa ese radiador.

¿Por qué es importante equilibrar? Imagina el circuito de calefacción como una red de carreteras por donde circula el agua caliente. Los radiadores más cercanos a la caldera reciben el “chorro” de agua con más fuerza y antes, mientras que a los radiadores más lejanos el agua llega con menos presión y pierde temperatura por el camino. Si dejamos las válvulas totalmente abiertas en todos, es común que unos radiadores estén excesivamente calientes y otros demasiado fríos, provocando una climatización desigual de la casa. Un sistema desequilibrado obliga a la caldera a trabajar más para compensar las habitaciones frías, aumentando el consumo de energía y desgastando más los componentes. En cambio, con los radiadores balanceados, cada uno recibe solo el caudal necesario: se elimina ese desequilibrio natural y todas las estancias alcanzan una temperatura uniforme de manera más eficiente.

En resumen, purgar y equilibrar son tareas complementarias pero diferentes: purgar elimina el aire del circuito para recuperar eficiencia perdida, mientras que equilibrar regula el flujo de agua mediante los detentores para distribuir homogéneamente el calor. Purgar resuelve problemas de aire (ruidos, partes frías en el radiador) y se suele hacer primero; equilibrar resuelve problemas de caudal (radiadores que calientan en distinta medida) y se hace una vez el sistema está libre de aire. Ambas acciones mejoran el rendimiento de la calefacción, pero atacando causas distintas.

Diferencias entre purgar y equilibrarlos

  • Objetivo: la purga busca eliminar aire del sistema, mientras que el equilibrado busca regular el agua que circula por cada radiador. Con la purga se solventan ruidos y se homogeneiza la temperatura dentro de cada radiador; con el equilibrado se homogeneiza la temperatura entre todos los radiadores de la casa.

  • Cuándo hacerlo: la purga es recomendable hacerla al menos una vez al año (antes del invierno) o cuando notas síntomas de aire. El equilibrado, en cambio, se ajusta cuando se detectan radiadores desequilibrados (unas habitaciones más frías que otras) o tras cambios en la instalación (por ejemplo, después de añadir o quitar radiadores, o cambiar la caldera). Normalmente, tras una buena instalación, el equilibrado no necesita retoques frecuentes a menos que haya cambios.

  • Cómo se hace: para purgar se utiliza la llave de purga en cada radiador y se deja salir aire y agua. Para equilibrar se usa un destornillador o llave Allen en el detentor de cada radiador para cerrarlo o abrirlo según convenga. Son procedimientos distintos: uno libera contenido (aire/agua) y el otro restringe o permite paso de agua.

  • Efecto en el rendimiento: un radiador sin purgar tiene parte de su volumen llena de aire y no calienta bien, incluso puede quedarse frío arriba. Un radiador sin equilibrar (en un sistema desequilibrado) puede calentar bien él solo, pero si otros reciben demasiado caudal o demasiado poco, la casa se calentará de forma irregular (unos cuartos muy calientes, otros fríos). Purgar mejora la eficiencia individual de cada radiador, equilibrar mejora la eficiencia global del sistema.

  • Orden de las tareas: siempre se debe purgar primero y equilibrar después. Si intentas equilibrar un sistema que aún tiene aire, no conseguirás buenos resultados porque el aire falsea el comportamiento de los radiadores. Primero asegúrate de que todos los radiadores están sin aire y con la presión correcta, y solo entonces procede al equilibrado.

En conclusión, purgar no sustituye al equilibrado ni viceversa: son dos cosas distintas que juntas logran que tu calefacción funcione al 100%. A continuación veremos cómo identificar si tus radiadores necesitan equilibrarse y cómo hacerlo paso a paso.

Cómo saber si los radiadores están desequilibrados

¿Cómo puedes detectar un desequilibrio en el sistema de radiadores? Ya sospecharás que tiene que ver con diferencias de temperatura entre ellos. Algunas señales de radiadores desequilibrados son:

  • Unos radiadores calientan mucho más que otros: al encender la calefacción, es normal que los radiadores cercanos a la caldera se calienten antes que los lejanos, pero tras unos minutos todos deberían alcanzar una intensidad de calor similar. Si notas que siempre los mismos radiadores están ardiendo y otros apenas tibios, aún pasado un buen rato, es señal de desequilibrio. Los primeros pueden estar recibiendo demasiado caudal y los últimos muy poco.

  • Habitaciones frías pese a radiadores calientes en otras zonas: por ejemplo, el salón (con radiador cerca de la caldera) está a temperatura agradable, pero el dormitorio del fondo de la casa está frío incluso con su radiador encendido. Esto indica que el calor no se está repartiendo uniformemente, posiblemente porque el agua caliente no está llegando con suficiente caudal o temperatura a ese radiador alejado. Si los radiadores están purgados (no hay aire) y aún así pasa esto, casi seguro es un tema de equilibrado.

  • Diferencia notable en el tiempo de calentamiento: todos los radiadores deberían empezar a calentarse dentro de los primeros minutos de encendida la calefacción. Si observas que ciertos radiadores tardan el doble de tiempo en calentarse que otros, podría ser falta de caudal en esos puntos finales de circuito. Un sistema equilibrado consigue que la mayoría de radiadores entren en calor casi al unísono o con poca diferencia.

  • Radiador último del circuito siempre frío: en instalaciones mal equilibradas, el último radiador en la línea (o el de la planta más alta) a veces nunca llega a calentarse del todo a menos que subas mucho la temperatura de la caldera. Esto suele ser un caso claro de desequilibrio: los primeros radiadores se “comen” la mayor parte del flujo de agua caliente y al último le llega muy poco. Tras purgar, si esto sigue ocurriendo, es indicativo de que necesitas ajustar detentores.

  • Ausencia de válvulas termostáticas o mal uso de las mismas: las válvulas termostáticas en radiadores pueden enmascarar un poco el problema regulando cada radiador por temperatura de la habitación. Pero si no las tienes, el equilibrado manual es la única forma de nivelar el sistema. Y si las tienes, asegúrate de que al hacer pruebas de desequilibrio estén todas abiertas al máximo, para observar las diferencias reales solo por caudal. Un uso incorrecto (unas medio cerradas, otras abiertas) puede hacer pensar que hay desequilibrio cuando es un ajuste de las cabezas termostáticas lo que ocurre.

En resumen, si ves habitaciones frías mientras otras están muy calientes, o radiadores que claramente funcionan diferente dentro del mismo circuito, toca equilibrar. A continuación, te explicamos cómo hacerlo tú mismo de forma manual.

Guía para equilibrar los radiadores de casa

El equilibrado de radiadores se puede hacer manualmente siguiendo unos pasos básicos. No se requiere más herramienta que un destornillador plano o llave Allen (dependiendo del tipo de detentor de tus radiadores) y un poco de paciencia para ir afinando los ajustes. Veamos el procedimiento por partes:

Pasos previos antes del equilibrado

  1. Asegúrate de que el sistema está purgado: como ya dijimos, antes de equilibrar, todos los radiadores deben estar sin aire y la presión de la caldera dentro del rango correcto (~1-1,5 bar). Si intentas equilibrar con aire en el circuito, el ajuste no será fiable (el aire impedirá el flujo normal de agua y te dará lecturas erróneas). Por tanto, realiza primero la purga de todos los radiadores y comprueba que la presión esté ajustada, tal como explicamos en apartados anteriores.

  2. Abre completamente todas las válvulas: para empezar el equilibrado, pon todos los radiadores en igualdad de condiciones. Esto significa abrir al máximo tanto las llaves de paso o termostáticas (la válvula de entrada de cada radiador) como los detentores (la válvula de salida o retorno en la parte baja del radiador). Asegúrate de que ningún radiador quede parcialmente cerrado por ninguna de sus válvulas. Si tus radiadores tienen cabezales termostáticos, ponlos en la posición de máxima apertura mientras haces el equilibrado.

  3. Enciende la calefacción y observa: con todas las válvulas abiertas, enciende la caldera y deja que el agua circule unos minutos por todos los radiadores. Presta atención a cuáles radiadores se calientan más rápido y cuáles permanecen más tibios. Puedes ir tocando con cuidado la superficie de cada radiador (ten precaución si el agua está muy caliente) o usar un termómetro infrarrojo para medir la temperatura. Normalmente, los radiadores más próximos a la caldera se pondrán muy calientes enseguida, mientras que los más lejanos estarán más fríos inicialmente. Esto confirma el desequilibrio natural de caudal en el sistema y te indica en cuáles tendrás que cerrar un poco el detentor y en cuáles abrirlo más.

  4. Identifica los radiadores “calientes” y “fríos”: una vez la calefacción lleva unos 10-15 minutos encendida, ya puedes catalogar los radiadores en dos grupos: los que están muy calientes (cercanos a la caldera, seguro) y los que están más templados (los alejados). También puede haber un grupo intermedio tibio. Esta identificación es importante para saber dónde actuar: radiadores que reciben mucho caudal vs radiadores que reciben poco. No es necesario apagar la caldera para hacer los ajustes iniciales (puedes ir ajustando sobre la marcha), pero si te sientes más cómodo puedes apagarla un momento antes del siguiente paso, ya que las válvulas detentoras suelen estar muy calientes al tacto cuando el radiador está funcionando.

Ajuste del detentor y cómo regular el caudal

Ahora viene la tarea principal: regular los detentores para equilibrar el flujo de agua. El detentor es la válvula de retorno que suele estar en un lateral inferior del radiador, normalmente cubierta por un tapón decorativo. Retira ese tapón y verás un pequeño “tornillo” cuadrado o ranurado. Ahí ajustarás. Procede así:

  • Empieza por los radiadores que más calientan: coge el radiador que identificaste como muy caliente (seguramente el más cercano a la caldera). Con un destornillador plano (o llave Allen) gira su detentor ligeramente en sentido horario (derecha) para restringir un poco el flujo de agua. No se trata de cerrar del todo, ni mucho menos, sino de estrangularlo un poco. Por ejemplo, darle media vuelta de cierre puede ser suficiente como inicio. Haz lo mismo con los radiadores que estaban en el grupo de “sobrecalentados”: cierra un poco sus detentores para quitarles caudal.

  • Asegúrate de que los radiadores fríos estén completamente abiertos: luego ve a los radiadores más fríos o más lejanos. Verifica que sus detentores estén abiertos del todo (gíralos en sentido antihorario hasta el tope, si es que no lo estaban ya). Por norma general, el último radiador del circuito debe quedar con el detentor totalmente abierto, para garantizar que reciba la máxima circulación posible.

  • Gradación progresiva: la idea es que, a medida que nos acercamos a la caldera, los radiadores tengan el detentor un poco más cerrado. Más abiertos los lejanos, más cerrados los cercanos. Esto “fuerza” gradualmente al agua a repartirse hacia el final del circuito en lugar de soltar todo su calor en los primeros radiadores. Puedes aplicar una regla sencilla: el radiador más lejano abierto al 100%, el siguiente quizá al 90%, el siguiente al 75%, etc., aumentando el cierre conforme el radiador esté más cerca de la caldera. No hace falta ser milimétrico, pero esta lógica te guía.

  • Ajustes intermedios: en radiadores intermedios (ni muy calientes ni muy fríos) quizá no necesiten gran ajuste. Si los extremos (primeros y últimos) los tienes claros, los del medio puedes dejarlos con aperturas medias o tal cual estaban y luego afinar si hace falta.

  • No cierres demasiado de golpe: es preferible pecar de dejar un poco abiertos de más e ir cerrando gradualmente, que cerrar en exceso y cortar demasiado el flujo. Un detentor muy estrangulado podría dejar casi frío ese radiador. Por eso, haz ajustes pequeños (cuartos de vuelta, medias vueltas) y luego observa.

Equilibrado en instalaciones antiguas o con calderas nuevas

En instalaciones antiguas, puede ocurrir que los detentores estén agarrotados por la falta de uso o la cal acumulada. Si notas que alguna válvula detentor está muy dura y no gira, no apliques una fuerza excesiva porque podrías romperla. En estos casos, más vale llamar a un profesional para que la libere o la reemplace. Forzar un detentor viejo puede derivar en una fuga permanente en la base del radiador. Así que, especialmente en radiadores de muchas décadas, ajusta con cuidado y si no cede, no insistas.

Por otro lado, si has instalado una caldera nueva recientemente (o has añadido radiadores nuevos a la instalación), el equilibrado es una tarea imprescindible tras ese cambio. Las nuevas calderas pueden tener bombas de distinta potencia o caudales diferentes, y un sistema que antes estaba medianamente equilibrado puede desajustarse con la nueva bomba. De hecho, después de cambiar la caldera conviene revisar el equilibrado manualmente para asegurarte de que todos los radiadores reciben lo que deben. Lo mismo se aplica si incorporaste radiadores adicionales: al cambiar el reparto de caudal en la red, hay que reequilibrar.

Un punto a mencionar es que el equilibrado hidráulico profesional en grandes instalaciones se hace con instrumentos (termómetros en tuberías, caudalímetros, válvulas de equilibrado calibradas, etc.). En nuestra casa lo estamos haciendo “a ojo” y por tanteo manual, lo cual funciona bien en la mayoría de casos. En sistemas muy antiguos o muy descompensados, quizá convenga que un técnico realice un equilibrado más fino. Pero normalmente, con paciencia, el método manual dará resultados notables.

En resumen, en sistemas viejos cuida no dañar las válvulas (y cambia las que estén muy mal) y en sistemas con caldera nueva no omitas hacer este ajuste, pues te garantizará el máximo rendimiento de tu inversión en la nueva caldera.

Cómo verificar si el sistema está bien equilibrado

Tras hacer los ajustes, llega el momento de verificar el resultado. Deja la calefacción encendida y observa cómo se comportan ahora los radiadores:

  • Comprueba la temperatura de cada radiador: tras unos minutos de funcionamiento post-ajuste, toca de nuevo todos los radiadores (con cuidado). Todas las unidades deberían calentarse de forma más pareja que antes. Es decir, ya no deberías sentir unos abrasadores y otros fríos. Si aún notas diferencias significativas, toca refinar un poco más: cierra un poco más aquellos que sigan demasiado calientes y/o abre un poco más los que estén más fríos. El equilibrado perfecto a veces requiere varias iteraciones hasta dar con el punto óptimo, así que ten paciencia.

  • Verifica la temperatura ambiente en las habitaciones: más allá de los radiadores en sí, fíjate si ahora las habitaciones se calientan de manera más uniforme. Lo ideal es que no haya habitaciones heladas mientras otras están a 25°C. Si lograste un buen equilibrio, todas las estancias alcanzarán la temperatura de confort deseada con diferencias mínimas.

  • Comprueba nuevamente la presión del circuito: tras toquetear detentores, en principio la presión de la caldera no debería cambiar mucho, pero por si acaso echa un vistazo al manómetro una vez finalizado el equilibrado. Asegúrate de que sigue en ~1-1,5 bar. Si bajó un poco (quizá porque durante el proceso purgaste un radiador que hacía ruido), reajusta.

  • Revisa que no haya ruidos ni anomalías: un sistema bien equilibrado también tiende a ser más silencioso. Si algún radiador quedó con exceso de caudal podría generar sonido de agua circulando muy rápido o pequeños silbidos; en tal caso, ciérralo ligeramente. Si alguno quedó con muy poco flujo, podría enfriarse rápido y escuchar “clics” de dilatación; en tal caso, ábrelo un poco más.

  • El confort y la eficiencia como indicativo: notarás en días posteriores que, con termostato programado, la vivienda alcanza la temperatura objetivo más rápidamente y la caldera “descansa” más entre ciclos porque no tiene que compensar tanta disparidad entre estancias. Si ves que la caldera sigue funcionando sin parar para lograr que ciertos cuartos calienten, entonces aún no está bien equilibrado. Ajusta hasta que todos los radiadores colaboren de forma equitativa.

Cuando todos los radiadores calientan de forma homogénea, puedes dar por logrado el equilibrado. Tu sistema de calefacción ahora está optimizado para entregar calor de manera equilibrada en cada ambiente de la casa. Como beneficio adicional, la caldera trabajará de forma más relajada, reduciendo el consumo energético y prolongando su vida útil.

Recuerda que, si después de todo algún radiador sigue sin calentar lo suficiente pese a estar purgado y equilibrado, podría haber otros problemas (por ejemplo, sedimentos o lodo interno que obstruyen el flujo). En ese caso, será necesaria una limpieza más profunda o llamar a un especialista. Pero en la mayoría de situaciones, con purgar y equilibrar adecuadamente, mejorarás enormemente el rendimiento de tu calefacción.

Consejos de mantenimiento preventivo para radiadores de agua caliente

Una vez que has purgado y equilibrado tu sistema, conviene mantener ciertos hábitos de mantenimiento preventivo para que la instalación siga funcionando eficientemente. Aquí tienes algunos consejos útiles:

  • Purgas regulares: incluye la purga de radiadores en el mantenimiento anual de tu hogar. Lo ideal es purgar al inicio del otoño, antes de la temporada fuerte de uso, y comprobar nuevamente a final del invierno. Así te aseguras de que no queden burbujas de aire que afecten el rendimiento y empezarán cada temporada en óptimas condiciones.

  • Vigila la presión y posibles fugas: revisa periódicamente el manómetro de la caldera para asegurarte de que se mantiene en la presión recomendada (normalmente 1-1,5 bar en frío). Si notas que la presión baja con frecuencia sin purgar, inspecciona los radiadores, válvulas y uniones buscando fugas o goteos. Una pequeña fuga continua de agua puede hacer caer la presión y obligar a la caldera a reponer agua (consumiendo más energía). Si detectas alguna fuga, repara o reemplaza las juntas/piezas dañadas y vuelve a ajustar la presión.

  • Mantén los radiadores limpios: el polvo acumulado en la superficie o entre las aletas de un radiador dificulta la emisión de calor al ambiente. Con los radiadores fríos, pasa periódicamente un paño o cepillo para quitar el polvo y la pelusa. Un radiador limpio transmite mejor el calor al aire de la habitación, mejorando su eficacia (¡y además evitas olores a quemado al encender la calefacción tras mucho tiempo parada!).

  • Mueve el agua en verano: durante largos periodos de inactividad (por ejemplo, en verano), es recomendable encender la caldera unos minutos cada pocas semanas. Esto hace circular el agua por radiadores y bombas, evitando que las válvulas se queden atascadas por la falta de uso. También puedes aprovechar para abrir y cerrar todas las llaves termostáticas de los radiadores de vez en cuando, asegurándote de que no se quedan pegadas en una posición.

  • Atención a radiadores que no calientan bien: si pese a haber purgado y equilibrado notas que algún radiador sigue sin rendir, podría tener sedimentos o lodo en su interior. Un signo típico de lodos es que la parte inferior del radiador esté fría y la superior caliente (al revés de cuando hay aire, que enfría la parte de arriba). En tal caso, considera realizar una limpieza interna: a veces implica vaciar el circuito, desmontar el radiador y limpiarlo por dentro, o añadir un tratamiento químico inhibidor de corrosión en el agua. Estas tareas son más complejas, por lo que conviene encargarlas a técnicos especializados.

  • Revisión profesional periódica: además de tus cuidados, es aconsejable solicitar una inspección profesional de la caldera y los radiadores cada cierto tiempo (por ejemplo, anual o cada dos años). Un técnico cualificado comprobará elementos clave de la caldera (quemadores, vaso de expansión, bomba) y que no haya obstrucciones o problemas en el circuito. Un buen mantenimiento preventivo profesional puede detectar problemas incipientes, alargar la vida de tu instalación y garantizar un funcionamiento seguro y eficiente.

Siguiendo estos consejos, mantendrás tu sistema de calefacción en excelente forma. Prevenir es mejor que curar, y en calefacción eso significa menos averías, más ahorro y hogares más confortables.

Cómo optimizar tu calefacción y reducir el consumo energético

Mantener tus radiadores purgados y equilibrados es esencial para disfrutar de una calefacción eficiente y confortable en casa. Con unos sencillos pasos has eliminado el aire que reducía la eficacia de los radiadores y has ajustado el sistema para que cada habitación reciba el calor necesario sin derroches de energía. Estos cuidados, junto con el mantenimiento preventivo que recomendamos (vigilar presión, limpiar radiadores, etc.), se traducen en un mayor rendimiento de la calefacción doméstica, un menor consumo de gas o electricidad, y un mejor confort térmico en todas las estancias.

Piensa que una calefacción optimizada no solo te mantiene más cálido, sino que también cuida tu bolsillo y el medio ambiente al consumir solo la energía necesaria. Purgar elimina esfuerzos innecesarios de la caldera, equilibrar evita sobrecalentamientos localizados y desaprovechamiento de calor, y el buen mantenimiento previene pérdidas y averías. Todo suma para que tu sistema funcione redondo.

En conclusión, purgar y equilibrar los radiadores de agua caliente de tu hogar es una inversión de tiempo mínima que reporta un gran beneficio: incrementa la eficiencia energética de tu vivienda, reduce las facturas de calefacción y prolonga la vida de tu equipamiento. Si tras seguir esta guía aún tienes problemas de calefacción desigual o dudas sobre cómo optimizar tu instalación, no dudes en contactar con profesionales para una revisión más detallada. Por lo demás, ya cuentas con el conocimiento para cuidar de tus radiadores. ¡Aplica estos consejos y disfruta de un hogar cálido, eficiente y ahorrativo durante todo el invierno!