Actualizado el martes, 27 enero, 2026
Cómo detectar si tu casa tiene gas radón y cómo prevenirlo
¿Qué es el gas radón y por qué es peligroso para tu salud?
El gas radón es un elemento radioactivo natural, un gas noble incoloro e inodoro que se origina de la descomposición del uranio presente en suelos y rocas. Debido a estas características (no tiene olor ni color), el radón es indetectable por los sentidos humanos, lo que le ha valido el apodo de «asesino silencioso» en hogares. En el exterior, normalmente se diluye a niveles muy bajos que no representan peligro; sin embargo, en espacios cerrados puede acumularse a concentraciones dañinas para la salud.
Características del gas radón: Incoloro, inodoro y peligroso
El radón no se ve ni se huele, por lo que puede estar presente en tu vivienda sin que lo notes. Es un gas radioactivo que emite radiación alfa durante su desintegración. Cuando es inhalado en altas concentraciones prolongadamente, sus productos radiactivos quedan atrapados en los pulmones, aumentando el riesgo de cáncer pulmonar con el tiempo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud y agencias ambientales lo clasifican como carcinógeno de Clase I (máxima peligrosidad) y se le reconoce como la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaquismo. La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) estima que el radón provoca alrededor de 21.000 muertes por cáncer de pulmón al año en Estados Unidos. Aunque estos datos son de EE.UU., ilustran la gravedad del riesgo: la exposición continua a radón elevado puede ser letal a largo plazo. Cabe destacar que este peligro aumenta significativamente si además eres fumador, ya que la combinación de tabaco y radón multiplica el riesgo de cáncer.
¿De dónde proviene el gas radón?
El radón proviene del uranio natural en la corteza terrestre. Específicamente, el isótopo radón-222 nace al desintegrarse el radio-226, parte de la cadena de decaimiento del uranio-238. Este uranio se encuentra (en mayor o menor medida) en casi todos los suelos y tipos de roca. A medida que el uranio y otros radionúclidos se descomponen, liberan radón gaseoso que asciende desde el subsuelo. El gas radón emerge del suelo y tiende a filtrarse hacia la superficie a través de poros, grietas y fisuras del terreno. Al aire libre no suele haber problema porque se dispersa; el peligro surge cuando ese radón ingresa y se acumula en espacios cerrados, como los niveles bajos de las viviendas (sótanos, primeros pisos). En algunos casos menos comunes, el radón también puede provenir del agua subterránea (por ejemplo, pozos domésticos) o de ciertos materiales de construcción con contenido de uranio, aunque estos últimos rara vez generan por sí solos niveles peligrosos. En resumen, cualquier casa puede tener radón, ya sea nueva o antigua, con sótano o sin él, bien sellada o con corrientes de aire, ya que depende principalmente del terreno bajo la construcción. La única forma de saberlo es midiendo, dado que no hay indicios visibles ni olorosos.
¿Cómo saber si hay gas radón en tu casa?
Saber si tu casa tiene gas radón es fundamental, ya que no presenta síntomas inmediatos ni alertas naturales. A diferencia de otros gases domésticos peligrosos (como el monóxido de carbono, que tiene alarmas dedicadas), el radón solo puede detectarse mediante pruebas específicas. Dado que es imposible percibirlo por los sentidos, la única señal fiable de su presencia son los resultados de un test de radón. Por ello, las autoridades sanitarias recomiendan realizar una medición de radón en cualquier vivienda, especialmente en zonas de riesgo o si nunca se ha hecho antes. Antes de comprar o vender una casa, o tras reformas significativas, también es aconsejable llevar a cabo estas pruebas.
¿Cuáles son los riesgos de la presencia de radón en viviendas?
La presencia de radón en concentraciones elevadas dentro de una vivienda conlleva principalmente riesgos para la salud. El radón emite radiación ionizante que, al ser inhalada durante años, daña el tejido pulmonar. La consecuencia más grave es un mayor riesgo de cáncer de pulmón. De hecho, se ha establecido que el radón es la causa principal de cáncer de pulmón en no fumadores, y la segunda causa en la población general (solo superada por el tabaco). La probabilidad de desarrollar cáncer aumenta con niveles más altos de radón y con la duración de la exposición. Pueden pasar muchos años sin síntomas antes de que aparezca la enfermedad, por lo que es un riesgo crónico. No provoca dolores de cabeza, alergias ni otros signos inmediatos; su efecto es silencioso y a largo plazo. Por eso, las autoridades han fijado niveles de referencia para actuar: en la Unión Europea y España, el nivel guía es 300 Bq/m³ (becquerelios por metro cúbico) como concentración media anual en el interior de una vivienda. Por encima de ese umbral se considera que hay que tomar medidas de mitigación. Organismos internacionales sugieren incluso aspirar a mantenerlo por debajo de 100 Bq/m³ si es posible, dado que no existe un nivel absolutamente seguro de radón (cualquier cantidad implica algún riesgo). En Estados Unidos, por ejemplo, la EPA recomienda actuar a partir de 4 pCi/L (picocurios por litro, unidad equivalente a ~148 Bq/m³). En definitiva, tener radón en casa por encima de las referencias significa elevar la probabilidad de cáncer pulmonar, especialmente peligroso en habitantes que pasan mucho tiempo en sótanos u otras áreas bajas de la casa.
Cómo saber si hay gas radón en tu casa: Señales y pruebas
No hay señales visibles ni olores que revelen la presencia de radón, pero sí hay factores que podrían sugerirlo y, sobre todo, existen pruebas de detección que confirmarán su concentración. Si vives en una zona con suelos potencialmente ricos en uranio o conocida por alto radón, deberías ser proactivo en medir tus niveles. Del mismo modo, si tu casa tiene sótano, cimientos con grietas o poca ventilación, son condiciones propicias para la acumulación de radón (lo explicamos en detalle más adelante). Sin embargo, insistimos: la única forma de saberlo con certeza es realizando un test de radón. Puedes adquirir un kit de prueba doméstico o contratar un servicio profesional. Colocar un detector en la planta más baja habitada de la casa por el tiempo recomendado te dará una lectura fiable de si existe un problema. Los kits domésticos son accesibles y económicos, y suelen indicar instrucciones claras (por ejemplo, ubicar el detector a cierta altura del suelo, mantener ventanas cerradas durante la medición, etc.). Tras la prueba, se envía el detector al laboratorio (o este muestra el resultado si es digital) para conocer la concentración media registrada. En caso de obtener un resultado alto, se deben tomar medidas correctivas y verificar nuevamente con otra prueba tras mitigarlas. En resumen, ante la duda, realiza una prueba de radón; es sencilla y es la única “señal” verdaderamente concluyente de su presencia.
Tipos de pruebas para detectar el gas radón en tu casa
Existen distintos métodos de medición del radón en el hogar. Estos varían en duración, coste y precisión, pero todos buscan determinar si la concentración de radón supera los niveles recomendados. En España, como mencionamos, el objetivo de las pruebas es saber si estás por encima o por debajo de 300 Bq/m³. A continuación, describimos los principales tipos de pruebas disponibles, desde opciones profesionales hasta kits de corto y largo plazo que puedes usar tú mismo:
Pruebas profesionales: Detectores de radón y su fiabilidad
Contratar a un profesional o empresa especializada en radón es la forma más segura de obtener mediciones precisas. Los técnicos en radón cuentan con dispositivos calibrados de alta precisión (como monitores continuos de radón) y siguen protocolos estrictos para colocarlos y recoger datos. Al finalizar, proporcionan un informe certificado de los niveles hallados y pueden asesorarte sobre las soluciones si se detecta un problema. La ventaja principal es la fiabilidad: las mediciones profesionales están respaldadas por equipos avanzados y experiencia, minimizando errores. Diversos estudios han confirmado que los dispositivos de medición de radón, bien utilizados, proporcionan resultados exactos y consistentes dentro de límites aceptables. Además, en caso de venta de vivienda o requisitos legales, solo las mediciones por técnicos acreditados podrían ser válidas oficialmente. En definitiva, un detector profesional garantiza exactitud, y viene acompañado del criterio experto para interpretar resultados y recomendar medidas.
Pruebas a corto plazo para detectar gas radón
Las pruebas a corto plazo son aquellas que miden el radón durante un período breve, típicamente desde 2 días hasta una semana aproximadamente. Su objetivo es ofrecer un resultado preliminar rápido. Suelen utilizar kits desechables fáciles de usar: por ejemplo, detectores de carbón activado (unos botes que absorben radón) o cámaras de ionización electret. Sigues las instrucciones, dejas el dispositivo expuesto en la habitación más propensa (normalmente el sótano o planta baja) por 2-7 días, luego lo cierras y envías al laboratorio para análisis. Algunos kits modernos digitales muestran la lectura en pantalla al terminar. Estas pruebas cortas son útiles para tener una primera idea de la situación. Ventaja: rapidez; en pocos días sabes si hay un posible problema. Desventaja: debido a la variabilidad del radón (que fluctúa día a día), un periodo corto puede no representar el promedio anual exacto. Por eso, si una prueba corta sale alta (o cerca del nivel de acción), se recomienda hacer una segunda prueba —idealmente de largo plazo— para confirmar. Aun así, si la concentración resultante de una prueba rápida es extremadamente alta, es un indicio claro para no demorar acciones. Las pruebas cortas también son comunes en inspecciones inmobiliarias, donde se necesita un resultado en pocos días.
Pruebas a largo plazo para una detección más precisa
Las pruebas a largo plazo implican medir el radón durante periodos extendidos, típicamente 3 a 12 meses. Comúnmente usan detectores de trazas alfa (tarjetas o cápsulas que se dejan expuestas por meses y luego se analizan) u otros monitores de integración prolongada. Al abarcar 90 días o más, capturan las variaciones de radón debidas a cambios estacionales, clima, ventilación diaria, etc., ofreciendo un promedio más representativo de la exposición anual en la vivienda. Esto las convierte en la opción más confiable para evaluar el riesgo real: por ejemplo, puede que en invierno con la casa cerrada el radón suba, mientras en verano baje; una medición de varios meses cubrirá ambos casos. Si no hay prisa, es muy recomendable optar por un kit de largo plazo, sobre todo después de una lectura corta dudosa o para verificar que las mitigaciones implementadas funcionan correctamente. La única desventaja es la demora: hay que esperar meses para el resultado. Sin embargo, la tranquilidad de obtener un dato sólido vale la pena. Muchos expertos sugieren usar pruebas largas como seguimiento tras una inicial a corto plazo, o directamente como método principal de análisis en regiones de alto riesgo de radón. Recuerda que, sea cual sea el kit, debes seguir las instrucciones al pie de la letra y situar el detector en la zona apropiada; así asegurarás la fiabilidad del resultado.
Otras señales de contaminación por gas radón en tu hogar
Aunque el radón no da avisos directos, existen factores ambientales y estructurales que pueden aumentar la probabilidad de tener concentraciones elevadas en casa. Conocer estos factores te ayuda a identificar situaciones de riesgo donde conviene realizar mediciones cuanto antes. A continuación, revisamos los principales:
Factores que aumentan el riesgo de tener gas radón en casa
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El tipo de suelo y roca bajo tu vivienda: la geología local es determinante. Zonas con alta concentración de uranio natural (por ejemplo, áreas graníticas) liberan más radón, elevando el potencial de que se infiltre en las construcciones. Por tanto, la ubicación geográfica de tu casa es un factor clave: en regiones de suelo granítico, pizarroso orgánico o con depósitos de travertino es más probable encontrar radón elevado.
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Vías de entrada en la estructura: el radón del subsuelo necesita por dónde colarse. Grietas en el suelo o muros, juntas mal selladas, huecos alrededor de tuberías, sumideros sin sifón o fisuras en cimientos son puertas abiertas al gas. Si tu vivienda tiene muchas de estas aperturas, el radón lo tiene más fácil para entrar.
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Ventilación deficiente, especialmente en sótanos: los niveles de radón suelen ser mayores en estancias bajas y mal aireadas. Un sótano cerrado, sin ventanas o con ventilación pobre, permitirá que cualquier radón que entre se acumule a lo largo del tiempo en lugar de disiparse.
Estos factores por sí solos no significan que seguro tendrás un problema, pero sí aumentan la probabilidad. Por ejemplo, una casa moderna bien sellada construida sobre terreno granítico puede acumular más radón que una casa antigua con corrientes de aire sobre terreno arenoso. En cualquier caso, si identificas uno o varios de estos factores en tu hogar, es prudente realizar una prueba de radón como medida preventiva.
Ubicación geográfica y su relación con el riesgo de radón
La zona donde vives influye enormemente en la presencia potencial de radón. Diferentes regiones tienen distinta composición geológica bajo el suelo. En general, las áreas con rocas ricas en uranio (como ciertas formaciones de granito, esquisto o pizarra negra, algunas rocas volcánicas e incluso minerales fosfatados) tienden a emitir más radón. En España, por ejemplo, estudios del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) indican que cerca del 17% del territorio nacional tiene potencial de radón alto, con valores que pueden superar los 300 Bq/m³ en el percentil 90. Zonas tradicionalmente conocidas por suelos graníticos (partes de Galicia, sierras de Extremadura, áreas de Castilla y León, etc.) suelen presentar viviendas con niveles significativos. Por el contrario, áreas costeras con terrenos arenosos o arcillosos pueden tener menor incidencia, aunque no exentas. Vivir en una zona de riesgo no significa automáticamente que tu casa exceda los límites, pero sí implica que es más probable y que deberías medir. Al contrario, en zonas de bajo potencial es menos común tener problemas, aunque no imposible. Es importante destacar que el radón no conoce fronteras: incluso dentro de una misma ciudad puede haber variaciones según el barrio y el tipo de roca subyacente. Por ello se han desarrollado mapas de riesgo de radón a nivel nacional y europeo, que combinan mediciones en viviendas con datos geológicos para resaltar las áreas donde se deben extremar precauciones. Consultar esos mapas (como veremos más adelante) puede darte una idea inicial del riesgo en tu municipio.
Cómo las grietas y la ventilación deficiente contribuyen al gas radón
La construcción y mantenimiento de la casa juegan un papel crucial en la entrada y acumulación de radón. Las grietas, fisuras u orificios en la estructura son literalmente tubos de entrada para el gas. El radón del subsuelo aprovecha cualquier camino disponible: se filtra a través de grietas en la losa del sótano, por bloques de hormigón huecos, por un sumidero mal sellado o el espacio alrededor de las acometidas de agua, gas o luz. Incluso poros en materiales constructivos pueden dejar pasar algo de gas. Un punto a recordar es que el radón se mueve por diferencial de presión: normalmente la presión dentro de la casa es ligeramente más baja que en el suelo (efecto chimenea), lo que literalmente succiona el aire del subsuelo hacia adentro – arrastrando el radón. Si tu casa tiene muchas vías de entrada y además poca ventilación interior, el radón que entra tiende a quedarse y concentrarse. Esto ocurre sobre todo en habitaciones cerradas, sótanos sin ventanas o viviendas muy herméticas sin sistemas de renovación de aire. En cambio, una casa bien ventilada naturalmente tendrá menos acumulación, ya que el radón que ingresa se mezcla con aire fresco y sale. Conclusión: para minimizar el radón es importante sellar las grietas (reducir por dónde entra) y mejorar la ventilación (expulsar el que logre entrar). Estudios indican que las concentraciones más elevadas se suelen medir en las plantas bajas y sótanos justamente por estar en contacto con el terreno y, si no se ventilan, actúan como recipientes donde se acumula el gas. Por tanto, mantener en buen estado los cimientos, reparar fisuras y ventilar regularmente (incluso algo tan simple como abrir ventanas) son prácticas que ayudan a contener el radón en niveles bajos.
Visor de mapas: Cómo detectar la presencia de gas radón en tu zona
Además de las pruebas en tu vivienda, es útil investigar la propensión de tu zona geográfica a tener radón. Para ello existen visores de mapas de radón creados por instituciones oficiales, que muestran las áreas con mayor potencial. Estas herramientas combinan datos geológicos (tipos de roca, contenido de uranio) y mediciones reales en domicilios para indicarte si tu municipio o comarca se considera de riesgo alto, medio o bajo. Consultar el mapa de radón de tu país puede orientarte sobre la necesidad de realizar pruebas: por ejemplo, si el mapa muestra tu zona en nivel alto, deberías testear sin falta; si muestra nivel bajo, igualmente es recomendable medir alguna vez, pero la probabilidad de encontrar niveles elevados es menor.
Uso del visor de mapas para identificar zonas de riesgo de radón
En España, el Instituto Geológico y Minero (IGME) y el CSN han desarrollado mapas interactivos donde puedes buscar tu localidad y verificar el potencial de radón. Al entrar en el visor de mapas del IGME, dispones de herramientas de búsqueda por municipio. Una vez localizas tu zona en el mapa, puedes usar la función de información geológica: generalmente, el mapa muestra las unidades de roca del subsuelo con distintos colores. Seleccionando el lugar de interés, el visor te indicará el tipo de formaciones geológicas presentes bajo ese punto. Debes prestar atención a si en la descripción geológica aparecen términos como los que mencionaremos en la siguiente sección (por ejemplo «granito»). Si la zona está dominada por materiales de alto potencial, el visor sugerirá que existe riesgo. El CSN, por su parte, ofrece un mapa nacional donde categoriza los municipios en función de cuántas viviendas superan 300 Bq/m³ (potencial elevado). En ese mapa, si tu municipio está señalado como de potencial alto, significa que al menos un 10% de las casas podrían sobrepasar el nivel de referencia. En resumen, utilizar el visor de mapas es muy sencillo: buscás tu dirección o municipio, y consultas la información geológica/radón del lugar. Es una forma preventiva de detectar si tu casa puede tener o no gas radón antes incluso de hacer pruebas, orientándote sobre la conveniencia de medir.
Qué tipos de rocas aumentan la presencia de radón
La geología es clave en el fenómeno del radón. No todas las rocas emiten la misma cantidad de radón; algunas contienen más uranio que otras. Según informes geológicos, los tipos de roca con mayor potencial de generar radón incluyen: granitos, leucogranitos, granodioritas, dioritas (en general, rocas ígneas ácidas), así como ciertas pizarras negras ricas en materia orgánica y depósitos de travertino. En el visor del IGME, por ejemplo, si la unidad litológica listada para tu zona contiene palabras como “granito” (o derivados: leucogranito, etc.) u otras mencionadas, es una bandera roja. ¿Por qué estas rocas? Porque suelen contener trazas de uranio en su composición mineral; con el tiempo el uranio decae, produce radio y finalmente radón, que escapa al ambiente. Las rocas sedimentarias como las areniscas, calizas puras o arcillas tienden a tener menos uranio generalmente, aunque pueden haber excepciones locales. También es relevante la permeabilidad: una roca fracturada permite que el radón viaje más fácilmente. En suma, si tu vivienda se asienta sobre terreno granítico u otro de alto potencial, es más probable tener radón elevado en interiores. No obstante, incluso dentro de áreas “malas” geológicamente, factores como construcción y ventilación influyen en cuánto radón efectivamente se acumula en cada casa individual. Por eso, el mapa geológico es una guía, pero siempre se confirma con mediciones directas.
¿Cómo proteger tu casa del gas radón?
Si descubres que tu casa tiene niveles elevados de radón, o simplemente quieres prevenir su acumulación desde el inicio, existen medidas de mitigación y protección que puedes implementar. El objetivo es reducir la concentración de radón interior por debajo de los niveles recomendados, idealmente lo más bajo posible. Estas medidas van desde mejoras sencillas (ventilación, sellados) hasta sistemas especializados de mitigación activa. A continuación, describimos cómo puedes proteger tu vivienda:
Medidas preventivas: Ventilación y sellado de grietas
La primera línea de defensa contra el radón es hacer más difícil su entrada y facilitar su expulsión. Para ello, dos acciones básicas son clave: ventilar bien la casa y sellar las vías de entrada. Por un lado, mejorar la ventilación incrementa la circulación de aire limpio y ayuda a diluir y sacar el radón acumulado. Especialmente en sótanos y plantas bajas, conviene promover la aireación natural abriendo ventanas con regularidad y/o instalando rejillas de ventilación. Incluso se pueden usar extractores o sistemas de ventilación mecánica controlada para forzar la renovación de aire en espacios cerrados. Recuerda que ventilar de forma natural es efectivo pero solo mientras las aberturas estén abiertas; es una solución temporal o complementaria, por lo que en invierno u otros momentos se puede requerir apoyo de ventiladores permanentes. Por otro lado, sellar grietas y fisuras en la estructura es fundamental para taponar las entradas del radón. Revisa cuidadosamente el sótano, los encuentros pared-suelo, esquinas, alrededor de tuberías y desagües: aplica materiales sellantes (silicona, masilla de poliuretano, mortero, etc.) donde veas aperturas. No olvides juntas de dilatación o grietas en la solera y cimientos. Si tu casa tiene sumideros o drenajes en el sótano, asegúrate de que tengan sifón o válvulas anti-retorno para que no sean un camino directo desde la tierra. Estas medidas preventivas por sí solas pueden no eliminar por completo el radón si el nivel es muy alto, pero sí logran reducciones significativas en muchos casos. Y combinadas con sistemas activos (ver más abajo) maximizan la eficacia. Piensa que cada grieta sellada es un punto menos por donde entra gas, y cada aporte de aire fresco es radón que se dispersa y sale.
Cómo instalar un sistema de mitigación de gas radón en tu vivienda
Cuando el nivel de radón es elevado (por encima de los límites recomendados) o las soluciones básicas no logran bajarlo lo suficiente, se recurre a sistemas de mitigación especializados. El más eficaz y habitual es la despresurización subterránea, a menudo llamada sistema de extracción de radón. ¿En qué consiste? Básicamente en crear un camino preferente para que el radón salga antes de entrar a casa: se instala una tubería que penetra debajo de la losa de cimentación o el suelo del sótano, conectada a un ventilador eléctrico. Este ventilador succiona continuamente el aire del subsuelo (que contiene radón) y lo expulsa al exterior por encima del techo de la casa. Al generar ese vacío controlado bajo la vivienda, el radón es aspirado hacia el tubo en lugar de filtrarse hacia las habitaciones. Este sistema funciona 24/7 y suele reducir los niveles interiores drásticamente, a veces en más del 90%. La instalación requiere perforar la losa o muro para insertar la tubería, sellar bien alrededor, y montar el extractor (que va fuera o en el ático, con salida sobre el tejado). Es importante que lo realice un profesional con experiencia en mitigación de radón para dimensionar correctamente el sistema y asegurar su estanqueidad. Un buen sistema de mitigación prácticamente no se nota (el ventilador es silencioso y consume poca electricidad) y protege tu hogar de forma continua. Ten en cuenta que tras instalarlo, debes volver a medir el radón para comprobar que efectivamente bajó a niveles seguros, y mantener revisiones periódicas del equipo. Otro aspecto: en viviendas sin sótano accesible, a veces se opta por extraer radón del terreno adyacente a la casa o de los espacios de rastreo (crawl spaces) utilizando principios similares. En cualquier caso, la despresurización activa es la solución estrella recomendada cuando hay un problema serio de radón. Adicionalmente, en obra nueva se pueden colocar barreras anti-radón bajo la cimentación y prever tubos pasivos que faciliten añadir un extractor en el futuro, prácticas muy aconsejables en zonas de alto riesgo.
Sistemas de presión positiva para prevenir la entrada de radón
Otra técnica de mitigación es exactamente opuesta a la anterior: en lugar de succionar el radón desde abajo, se trata de soplar aire desde arriba. Son los sistemas de presurización positiva del interior de la vivienda. La idea es incrementar ligeramente la presión del aire dentro de la casa por encima de la del terreno, de modo que ese gradiente impida al radón ingresar (es empujado de vuelta al suelo). Para lograrlo, se instala un ventilador que inyecta aire limpio del exterior al interior de forma constante, típicamente en la planta baja o sótano. Este flujo renovado de aire eleva mínimamente la presión interna. Es importante que el aire introducido esté filtrado (para no meter humedad excesiva u otros contaminantes) y que el sistema funcione 24 horas. La presurización positiva suele ser eficaz en viviendas que no tienen sótano o cuando la despresurización sub-suelo no es viable; también se emplea en casos de radón moderado (por ejemplo, hasta ~500 Bq/m³). Su efectividad puede ser algo menor que la extracción subterránea en situaciones extremas, y de hecho a veces se combina con otras medidas para maximizar resultados. Un beneficio adicional es que, al forzar ventilación, también mejora la calidad del aire interior en general (reduciendo humedad, CO₂, etc.). En resumen, los sistemas de presión positiva previenen la entrada de radón creando un escudo de aire a mayor presión. Si se instalan correctamente, logran descensos sustanciales de radón. Al igual que otros sistemas, requieren alimentación eléctrica y cierto mantenimiento (limpiar filtros, verificar que el ventilador funcione continuamente). En la práctica, la elección entre despresurizar el suelo o presurizar la casa, o ambas cosas, dependerá de las características de la vivienda y la magnitud del problema. Un especialista en radón podrá recomendarte la mejor estrategia. Lo importante es saber que existen soluciones técnicas incluso para niveles muy altos, y no hay que resignarse a convivir con radón dañino.
¿Cómo mantener el aire de tu casa libre de gas radón?
Una vez que has tomado medidas anti-radón, o si afortunadamente tu casa ya tiene niveles bajos, es crucial mantener esa situación a largo plazo. El radón puede variar con el tiempo: cambios estacionales, nuevas grietas, obras cercanas o reformas en casa podrían alterar la concentración. Por tanto, la vigilancia continua y las comprobaciones periódicas son parte esencial de mantener el aire de tu casa sano y libre de este gas. A continuación, dos recomendaciones finales:
Uso de sensores y dispositivos para medir la calidad del aire
Hoy en día es posible monitorizar el radón de forma continua mediante sensores electrónicos domésticos. Existen en el mercado monitores digitales de radón del tamaño de un detector de humo, que se instalan en la pared o sobre una repisa y miden la concentración en tiempo real. Algunos forman parte de sistemas más amplios de calidad del aire interior, combinados con sensores de CO₂, humedad, etc. Utilizar estos dispositivos te permite tener una alerta temprana si algo cambia. Por ejemplo, si después de meses en niveles bajos el monitor detecta un repunte de radón, podrías actuar inmediatamente (revisar el sistema de mitigación, aumentar ventilación unos días, etc.). También ofrecen la comodidad de no tener que enviar kits al laboratorio; los datos son inmediatos y a veces conectados al móvil. Eso sí, asegúrate de adquirir sensores calibrados y de buena calidad, preferiblemente homologados, ya que la precisión es vital. Estos equipos han bajado de precio y resultan una inversión en salud del hogar. En resumen, contar con sensores de calidad del aire con medición de radón te da tranquilidad cotidiana, complementando las pruebas puntuales.
Realizar pruebas periódicas para asegurarte de que el radón está controlado
Aunque hayas instalado mitigaciones o ya tuviste resultados bajos en el pasado, no debes bajar la guardia con el radón. Los expertos aconsejan repetir las pruebas cada cierto tiempo. Una guía común es hacer al menos una prueba de seguimiento cada 2 años, o inmediatamente después de cualquier cambio significativo en la vivienda (por ejemplo, tras reformar el sótano, cambiar sistemas de ventilación, o reparar grietas y cimientos). También si modificas tus hábitos —por ejemplo, empiezas a usar el sótano como dormitorio— conviene medir en esa nueva situación. La razón es que las condiciones pueden cambiar y un nivel que era seguro podría elevarse. Asimismo, si instalaste un sistema de extracción o presión positiva, verifica con una medición a los pocos meses de instalado para confirmar que ha funcionado, y luego haz pruebas anuales o bienales para garantizar que sigue todo en orden. Los componentes mecánicos podrían fallar con los años, o aparecer nuevas vías de entrada de radón. Solo la vigilancia periódica confirmará que el radón está bajo control. Afortunadamente, como ya vimos, hacer estas pruebas es sencillo y accesible, así que integrarlo en el mantenimiento rutinario del hogar es una buena práctica. Recuerda: el objetivo es mantener el aire de tu casa limpio y saludable a largo plazo, y en ese sentido, la constancia en medir es tu mejor aliada para prevenir sorpresas y asegurar que el radón nunca llegue a ser un peligro para tu familia.
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